domingo, 11 de diciembre de 2011

MUSICA SURREALISTA

Entre el apogeo del neoclasicismo europeo y la influencia ineluctable del jazz estadounidense de los años veinte, el surrealismo nunca impulsó un nuevo movimiento en música.
Sería demasiado extenso esbozar una historia de la música, máxime teniendo en cuenta que, sin exagerar, la verdadera expresión musical empezó con la aparición sublime de Wolfgang Amadeus Mozart. Contando con el precedente de Joseph Haydn, Mozart dio comienzo a un avatar indetenible de desarrollo constante de nuevas formas: clasicismo, romanticismo, impresionismo, nacionalismo, neoclasicismo. Fueron aproximadamente 140 años de cambios en los modos de concebir la música; etapas de sucesivas transformaciones y reestructuraciones teóricas que dieron a la luz renombradas figuras. En ese devenir musical propongo hacer un salto y llegar al período neoclásico, no por ser éste más importante, sino por su proximidad cronológica con el surrealismo europeo promovido por André Breton en 1924.

SOCIEDAD

A lo largo del siglo XIX, los progresos técnicos, el desarrollo de la economía y el continuo avance de las ciencias habían forjado un tipo de sociedad occidental que se asentaba en una creencia que les parecía firme e inmutable: la fe en el progreso de la ciencia como elemento imprescindible un desarrollo humano que parecía ilimitado e incuestionable.

Sin embargo, las teorías de algunos pensadores y científicos como Nietzche, Einstein y Freud pusieron en cuestión la bondad del progreso basado en un desarrollo incontrolado de la técnica, la validez de principios éticos y morales no cuestionados hasta el momento y la importancia de la parte no racional de la persona, quebrando con ello la confianza y la seguridad de las hasta aquel momento optimistas sociedades de Occidente. Los malos presagios que auguraban que el desarrollo de la tecnología no tenía por qué ir necesariamente ligado al progreso y bienestar se confirmaron plenamente en el período 1914 - 1918, durante la cual una espantosa guerra sembró el horror y la muerte por todo el continente europeo

Tras la guerra, nació un mundo distinto. Por un lado, la URSS, Italia, Alemania y, en menor medida, otros países, vieron nacer y desarrollarse filosofías que dieron lugar al establecimiento de regímenes autoritarios; por otro, el sistema capitalista, basado en la iniciativa privada y la inhibición del Estado en la economía, entró en profunda crisis con sus secuelas de paro y miseria, y por último, el sistema democrático sufrió un cierto desprestigio al ser incapaz de garantizar seguridad y bienestar.


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