Los artífices del surrealismo
Observamos dos vertientes. El surrealismo abstracto, donde
artistas como Masson, Miró o Klee crean universos figurativos personales a
partir del automatismo más puro. Y Ernst, Tanguy, Magritte o Dalí que se
interesan más por la vía onírica, un surrealismo figurativo cuyas obras exhiben
un realismo fotográfico, aunque totalmente alejadas de la pintura tradicional.
Ernst (1891-1979)
Llegó a ser uno de los principales exponentes del Surrealismo
utilizando la técnica del frotagge. Consiste en frotar una mina de plomo o
lápiz sobre un papel que se apoya en un objeto y se deja así su huella en dicho
papel, con todas sus irregularidades. Las imágenes surgidas aparecerán cargadas
de misteriosas evocaciones, de signos de catástrofe y desolación.
Ciudades, Europa después de la lluvia.
Ciudades, Europa después de la lluvia.
Tanguy (1900-1985)
Representa sueños desligados a toda referencia a la realidad. Los
horizontes, la sensación de infinito, la presencia de objetos misteriosos y sin
correspondencia con la realidad objetiva y las alusiones a signos sexuales
caracterizan su obra consiguiendo provocar angustia y misterio. Unos transportes; Días de lentitud; Mamá, papá está herido.
Magritte (1898-1976)
Ofrece cierta similitud con Chirico, es uno de los surrealistas
más claramente simbolistas.
Provoca el choque emotivo de color aplicado a formas realistas
puestas en lugares y momentos inverosímiles. Realiza absurdas combinaciones de
paisajes, arquitecturas, esculturas, ambientes externos e internos. En El tiempo detenido muestra el interior de una habitación
en el que un tren sale llameante de una chimenea doméstica. La voz de los vientos es la premonición de una amenaza, un
grupo de globos pesados que flotan y son símbolo de algo que puede aplastar.
Masson (1896-1987)
Analiza la estructura del objeto para convertirlo en una
elucubración intelectual. Parece que el color, conjugado de modo personal y con
una valoración casi abstracta es lo que más le importa. Su modo es más vital,
sin la opresión angustiosa de la mayoría de los surrealistas. Dibujo automático, Desnudo, Ánfora.
Chagall (1887-1985)
Presenta hechos sacados de la realidad pero dentro de un ambiente
ensoñador. Sus figuras vuelan sobre el paisaje. Yo y la aldea, evoca una serie
de elementos reales de su tierra natal (casas, vacas...), pero la magia del
sueño lo transmuta. La vaca acoge en su cabeza a una lechera ordeñando, la
campesina puede andar con la cabeza en el suelo, etc.
Joan Miró (1893-1983)
"Me es difícil hablar de mi pintura, pues ella ha nacido
siempre en un estado de alucinación, provocado por un shock cualquiera,
objetivo o subjetivo y del cual soy enteramente irresponsable".
Es el máximo representante del surrealismo abstracto, aunque fue
solamente una fase dentro de su producción.
Sus cuadros están llenos de poesía. Pinta con colores puros y
tintas planas. La obra clave en su evolución es El carnaval del arlequín (1924).
Crea un mundo propio que se abre paso a la abstracción. Sus
imágenes son simples, con pocos trazos, a la manera de los niños. Rechaza la
perspectiva, el modelado, el claroscuro y el acabado minucioso. Traza signos
abstractos, simples, que no tratan de expresar una idea, sino que desean
bastarse a sí mismos y son extraídos de lo irracional.
Personajes de noche, El bello pájaro descifra lo desconocido a una
pareja de enamorados, Naturaleza muerta con zapato viejo, Mujeres y pájaros en
claro de luna.
Los años de la guerra civil española y mundial lo alejaron de la
aventura surrealista. Una de las últimas obras fue el revestimiento cerámico
del edificio de la UNESCO en París,Noche y día.
Salvador Dalí (1904-1989)
Dalí es más escandaloso y extravagante de todo el grupo. Sus
cuadros presentan figuras imposibles fruto de su imaginación.
Le caracteriza la provocación y su método
"paranoico-crítico". Su primera etapa surrealista es furiosa y ácida,
las formas se alargan, se descomponen o resultan de apariencia equívoca.
Utilizará alusiones al sexo y la paranoia. La
sangre es más dulce que la miel, La persistencia de la memoria, El ángelus
arquitectónico o Premonición de la Guerra Civil.
También son característicos sus relojes blandos, sus altas y
destacadas figuras sobre un lejano horizonte y las vistas de Cadaqués.






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