Magritte dotó
al surrealismo de una carga conceptual basada en el juego de imágenes ambiguas
y su significado denotado a través de palabras poniendo en cuestión la relación
entre un objeto pintado y el real. Delvaux carga a sus obras de un espeso
erotismo basado en su carácter de extrañamiento en los espacios de De Chirico.






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